By Heather Wilson
Siempre dispuesta a intentar cosas nuevas, pero temerosa del agua e inclinada a intimidarme por compañeros de juego que no conozco y que pesan varias veces más que yo, tenía sentimientos encontrados sobre nadar con los delfines nariz de botella en el Delfinario de Nuevo Vallarta – incluso si son adorables, inteligentes y la misma especie que Flipper.
Para mi deleite absoluto, no sólo me sentí inmediatamente cómoda con ellos, sorprendida de su gusto por la diversión y lo bien entrenados que están, sino que ¡de hecho sentí que estaban protegiéndome! Mientras uno me llevaba a través de la alberca, solté la aleta dorsal cuando mi mano se acalambró. Sin perder un segundo, y sin ninguna instrucción, otro delfín se posó bajo de mí para ayudarme. Sin embargo, realmente no debería estar sorprendida, pues todo el mundo que he conocido y que ha vivido esta extraordinaria experiencia en Vallarta Adventures sin dudarlo dice que lo haría otra vez.
Y también lo haría yo. Para el momento en que llegas a la alberca con estas magníficas criaturas que pueden vivir más de 45 años, una grabación ha dado un repaso de su comportamiento, el entrenador ha contestado todas las preguntas y uno está usando un chaleco salvavidas que permite concentrarse en interactuar con ellos y no en mantenerse a flote.
Quedé sorprendida por el número de atractivos y a veces chistosos ruidos que producen, parecidos a chasquidos, rechinidos, chirridos e incluso el sonido del llanto de un bebé. Otra cosa que llamó mi atención es lo mucho que parecen disfrutar ser tocados, especialmente cuando uno acaricia su suave vientre. Tal vez no son tan diferentes de los gatos y perros que tú y yo tenemos en nuestros departamentos. Y cuando pienso en ello recuerdo que todos somos mamíferos, así que ¿por qué deberían serlo?
Una vez que has tenido esta experiencia de comunicación con otra especie en uno de los pocos centros educativos para delfines en el mundo, es imposible ver a estas criaturas de la misma manera.