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Arte Folclórico, Arte "Fino"

Arte Folclórico, Arte "Fino" - A Veces Se Borra La Línea
By Heather Wilson

¿Usted se pregunta qué tesoros artísticos puede descubrir en Puerto Vallarta, que sean típicamente mexicanos y únicos, que a la vez no lo dejen en la bancarrota y que no sean difíciles de transportar a casa? Nuestras tiendas locales y galerías tienen una abundante oferta de artesanías mexicanas bellamente realizadas, donde las líneas entre el arte fino y el tradicional, y la tradición y la innovación se borran.

TALAVERA
La mayor parte del arte en cerámica se generó por piezas concebidas para tener un uso práctico y que después fueron apreciadas por su valor estético o su ornamentación - la Talavera de Puebla, por ejemplo. Introducida a la Nueva España en el siglo 16, tiene sus orígenes en la Mayólica española. La Talavera es la cerámica brillante más vieja en América.

Se sigue haciendo de la misma manera que entonces, por maestros alfareros en talleres certificados que siguen estrictos estándares de autenticidad. La Talavera mexicana más famosa proviene solamente del estado de Puebla, que tiene una abundancia en barro blanco y negro y una larga tradición alfarera.

Mostrando patrones pintados a mano y escenas que durarán por siglos, solo seis pigmentos minerales tradicionales son utilizados: azul, verde, amarillo, rojo, café y negro. Al combinarlos, se obtienen los diferentes tonos, así como el naranja y el morado.

Detallada y vibrantemente lustrosas con una textura única, esta cerámica decora cocinas, pasillos, interiores de hogares y todo tipo de exteriores en la arquitectura poblana. Cada pieza tiene su propia personalidad y carácter, y aquí en Vallarta puede encontrar platos, vasos, frascos, mosaicos, lavabos, accesorios de baño, ornamentos de jardín y más.

Buscada por los coleccionistas, la Talavera de calidad es cara, reflejando el tiempo dedicado a cada pieza. Puesto que hay muchas imitaciones, las piezas auténticas deben estar firmadas por el taller que las produce y mencionar que son originarias del estado de Puebla. Los trazos irregulares son característicos y deseables.

MATA ORTIZ
Frágil, cada cerámica con tonos térreos es la característica de la villa de Mata Ortiz en Chihuahua, donde más de 400 artistas crean estas detalladas cerámicas pintadas con intrincados y finamente esbozados diseños geométricos, cada pieza es única. Por lo menos una docena de ellas ha adquirido renombre como cerámica de clase mundial en este sofisticado movimiento artístico, que tiene sus raíces en la cultura prehispánica.

La inspiración de Juan Quezada, esta forma de arte única se originó en los años 70 y pronto se convirtió en la ocupación dominante del pueblo. Cuando era joven y trabajaba juntando madera, Quezada encontró pedazos de fina cerámica antigua, y pasó 15 años tratando de duplicarla al recrear este proceso que fue olvidado hace tanto tiempo - extrayendo, tratando y formando el barro, decorándolo y poniendo al fuego las ollas de la manera en que los habitantes de la antigua ciudad de Paquime hicieron hace cinco siglos.

Enseñó a su familia, y ellos a su vez enseñaron a otros, cada uno haciendo sus propias contribuciones artísticas y desarrollando estilos distintivos. Por su esfuerzo, Quezada recibió un importante reconocimiento por sus logros artísticos de parte del ex-presidente Ernesto Zedillo. Este reconocimiento fue el mismo que se le otorgó a Diego Rivera.

Todavía con precios accesibles, la cerámica de Mata Ortiz cada vez se muestra en más galerías y museos; la demanda y los precios crecen a la par.

ALEBRIJES
Surgiendo de símbolos y apareciendo en sueños del inconsciente colectivo, los alebrijes son raras y fantásticas criaturas aladas que son talladas en madera Copal, una madera ligera similar a la Balsa, con rostros delicadamente esculpidos y cuerpos pintados con patrones extremadamente intrincados.
Originándose en Oaxaca en los años 60, esta forma de arte comenzó con el maestro artesano Pedro Linares, quien había sido un hábil creador de figurines cartón juda para Diego Rivera y que dio vida a sus visiones. Las raíces de esta nueva forma de arte son prehispánicas, con el gusto indígena por el color y el amor por lo fantástico e incluso lo macabro.

Tuvieron su origen en la imaginación del artista, y siendo creativamente esculpidas, no hay dos iguales. Pronto la familia de Pedro y los habitantes de la villa comenzaron a imitarlo y conforme la competencia creció, estos se volvieron más elaborados y complejos. Las figuras clásicas son monstruosas, mientras los diseños nuevos resultan más caprichosos que terroríficos. En general, los hombres hacen el tallado y las mujeres la pintura, una mecánica del arte tradicional.

Desde que la revista "Smithsonian" publicó una foto de un gallo bailarín alebrije en los 90, se han vuelto cada vez más populares entre coleccionistas, y han sido premiados aquí y alrededor del mundo. Producidas en talleres de todo México, estas piezas se convierten en tema de conversación y hacen una nueva adición a su hogar.

CATRINAS
Mientras que sus poses y trajes varían drásticamente, estos esqueletos femeninos esculpidos a mano en barro o papel maché siempre están sonrientes y están vestidos con las mejores prendas de los pies a la cabeza.

Concebidas por el satirista político y dibujante José Guadalupe Posada en la segunda mitad del sigo 19 para ilustrar la popular canción de "La Cucaracha", usó la imagen de La Catrina para burlarse de las pretensiones de los mexicanos obsesionados con todas las cosas francesas.

Catrín es un término mexicano que se refiere a alguien que se viste con sus mejores prendas.
Gracias a los poderosos medios de las caricaturas de los periódicos, Posada fue prolífico al presentar los moros mexicanos de su tiempo, y el artista Diego Rivera lo llamó "El artista de los mexicanos, un intérprete de su alegría y dolor".

Elaboradamente enaltecidas con color, prendas hechas a mano, brillos y lazos, estas intrincadas figuras nos recuerdan que sin importar lo extravagante de nuestras posesiones, todos terminaremos en el mismo lugar y ahí no nos servirán de nada.

Señalando la inutilidad de acumular riqueza, las Catrinas se convirtieron en un símbolo popular durante la Revolución Mexicana. Son indispensables para el culturalmente importante Día de Muertos, en el cual se hacen optimistas retratos de la muerte como un motivo común en el arte tradicional mexicano. Hoy, a lo largo y ancho de México, los artistas continúan creando una siempre expansiva cantidad de seguidores de las Catrinas y Catrines, por lo que ninguno de nosotros, ricos o pobres, debemos olvidar nuestra compartida humanidad.

MÁSCARAS
Las máscaras del rostro humano representan las tres razas primarias que componen la población del México moderno - indígenas, caucásicos y blancos - y verlos es recordar la historia de México. Los antiguos indígenas creían que cubriendo el rostro humano con una máscara se removía la identidad y el alma del que la utilizaba y lo convertía en algo más.

La tradición de hacer máscaras data de antes de la llegada de los españoles; rituales y bailes de enmascarados han sido prácticas importantes en las ceremonias de México hasta hoy en día. Los chamanes utilizaban máscaras de transformación para contactar a los espíritus, incluyendo a los de los animales - una rana si la cosecha necesitaba lluvia, o un jaguar cuando la fuerza y la agilidad se necesitaban para una sesión de caza exitosa, etcétera.

Los españoles introdujeron el concepto del Diablo, el demonio de dos cuernos que los mexicanos adoptaron como un tipo de guasón. Algunas máscaras de Diablo sonríen felizmente y otras son tan variadas como los roles que tipifican.

La mayoría de las máscaras mexicanas del siglo 20 están hechas de madera labrada y pintadas con representaciones simbólicas, pero los disfraces retratan una combinación de características humanas y animales que también están hechas de piel, tela, cartón, papel maché, tiras de hule y latas de metal.

La técnica original prehispánica de barnizado todavía se usa para las máscaras más preciadas, con hasta 20 capas de ingredientes totalmente naturales como el aceite de semilla y pigmentos vegetales untados a mano, resultando una excepcional laca.

Guerrero y Michoacán son los principales estados productores de máscaras, y el artista Juan Horta hace elaboradas piezas labradas de sólo una pieza de madera.

ESTAMBRE HUICHOL Y EL ARTE DE CUENTAS
Los indios Huichol tienen espléndidas prácticas ceremoniales, pero las máscaras no forman parte de su tradición, con la excepción de la ceremonia de la Primera Cosecha, cuando una máscara simple de madera es usada por un bailarín que toma el papel de un cómico sagrado. Este estilo de máscara es ahora finamente decorado con cuentas y vendido a los turistas.

Viviendo en las recluidas villas en las montañas de Jalisco y Nayarit, sus vidas están entrelazadas con lo sagrado y con la mitología mágica. Viven del maíz, el peyote y los venados, usando estos símbolos libremente en su arte de chamanes, el cual se originó con tazones para rezar hechos de calabaza y colocados en las cuevas como ofrecimientos.

Crear objetos sagrados de meticulosa belleza es una forma de honrar su relación con los dioses, los pintores de estambre de hoy usan finos estambres acrílicos en un arco iris de colores, con diseños cada vez más complejos y elaborados. Una forma de arte en constante evolución, originalmente usando un ancho estambre de lana que se utilizaba en simples diseños tradicionales. Su intrincado trabajo de cuentas requiere también mucho tiempo, ya que las pequeñas cuentas deben colocarse en patrones precisos pegados a mano en una resina mixta de miel de abeja y pino.

Llamados nierikas, o imágenes reflejadas de Dios, el visionario peyote le da poder a su arte, y las creativas manifestaciones que encarnan la creencia huichol de que todos hacemos nuestras propias realidades.

 


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