Puertas Abiertas; Lugares Escondidos: Seis Coleccionistas De Arte en Vallarta
By Debra Martin
El sonido de copas que brindan, caros vestidos y miradas furtivas son el común denominador de una típica exposición artística. En Puerto Vallarta, los coleccionistas encuentran un escenario diferente. Aquí, los dueños de las galerías y los artistas son personas sencillas y abiertas. Para seis americanos que visitan o eligen retirarse en la ciudad, esa calidez ha abierto puertas a lugares que nunca habían visto antes.
Pat y Jerry Dodson dejarán San Francisco el próximo año y se dirigirán hacia Oaxaca, México, con el propósito de encontrar a Jorge Gutiérrez González. "Es el primer artista que buscamos físicamente", dice Pat mientras ríe. "Descubrimos su trabajo en una galería en Puerto Vallarta y encontramos que su trabajo es extraordinario. Pero sólo había una pintura hecha por él." Determinados a encontrar a González y adquirir una pieza excepcional, han convertido esta búsqueda en una aventura.
De hecho, el arte ha sido un aspecto crucial en cada una de sus excursiones a través de la frontera: "El arte fue una forma de aprender de México y de involucrarnos con él. Era la entrada a un mundo completamente nuevo." Desde antes que compraran un condominio en Puerto Vallarta hace un año, visitaban el lugar anualmente, y siempre consideraron los paseos artísticos en el pueblo como una prioridad: "La comunidad artística aquí es realmente divertida. Observamos el calendario cuidadosamente para asistir a las aperturas."
Conocedores de las galerías internacionales, adquirir arte se ha convertido en un modo de vida para los Dodson, ya sea en los Estados Unidos o en otro país. "Nuestra idea de la cita ideal es ir a comer y después caminar por las galerías y hacer compras en la tarde." Y aunque miran todo juntos, no necesariamente están de acuerdo en cada pieza: "No queremos comprometer a las piezas. Cada quien compra lo que realmente le gusta y es benéfico para nuestro matrimonio el comprar arte de esta manera."
A diferencia de algunos coleccionistas, los Dodson evitan hacer cualquier compra impulsiva. Quieren arte que pueda ser disfrutado por ellos y por sus huéspedes por un largo tiempo, y no quieren piezas que eventualmente terminen archivadas bajo una cama. "Visitamos las galerías varias veces antes de comprar. Consideramos Landscape, de Marco Vargas unas 10 ó 12 veces porque la estábamos comprando para un lugar importante en nuestro hogar. Vimos las galerías en San Francisco, Londres, Estambul, París, y finalmente escogimos a Vargas en Puerto Vallarta", comenta Jerry.
Una pasión por el arte y los viajes han llevado a Jo Kloss alrededor del mundo - varias veces - en los últimos 40 años. Un viaje a Carmel, California, en los 60's la llevó a adquirir la primera pieza de su colección privada: "Encontré una pintura de George DeGroat en unos $5,000 dólares y la compré 'a tiempo'. Esa fue la única vez que hice eso; era joven y era mucho dinero para mí. Pagué $1,000 dólares de adelanto y pagué todo lo que pude cada mes hasta que completé la cantidad. Lo hice y lo adoré", dice mientras apunta hacia donde la pieza ahora se exhibe en una pared de su casa en Puerto Vallarta.
"Cuando viajo siempre visito galerías y museos de arte. Supongo que simplemente me gusta el arte y las cosas bellas", ríe. "Una vez detuve a todo un grupo de turistas que recorríamos Sudáfrica porque vi una estatua que quería." El mundo está lleno de personas con posesiones materiales de todo tipo: autos, ropa, joyería. Pero Jo sólo tiene ojos para el arte: "Todos mis amigos manejan autos BMW y Jaguar en los que gastan $50,000 dólares. Yo puedo llenar toda una pared con eso."
Y llenar paredes es lo que hace. Su mejor amiga, Pat, ahora le aconseja mientras entran a una galería, "¡piensa en pequeño!". Ya sea en recorridos artísticos o cenando en Puerto Vallarta, Jo descubre artistas y piezas a las que no puede resistirse. Actualmente tiene el ojo puesto en trabajos de Bella Rish, una artista en la ciudad de México a quien conoció mientras cenaba en Trío. Sus dibujos de naturaleza muerta han lanzado un encanto mágico sobre esta coleccionista.
Como muchos otros coleccionistas, insiste en comprar por el hecho de disfrutarlo, y no como una inversión. "Muchas de mis pinturas han subido mucho de valor, pero yo no compro por esa razón. Si estuviera comprando Rembrandts de un millón de dólares, podría ser el caso. Por supuesto, uno tiene que gastar de acuerdo a sus posibilidades.
A menudo compro en el rango de $3,000 a $5,000 dólares." Coincidentemente, Puerto Vallarta tiene muchos artistas importantes cuyos precios se ajustan exactamente en ese rango de precios.
Cuando los alemanes Hedda y Werner Zeitler se mudaron a los Estados Unidos, el comprar arte no figuraba en su lista de prioridades. "Necesitábamos cosas básicas, como una mesa", sonríe Werner. Aparentemente esos días de cuidar los centavos son sólo distantes recuerdos. Ahora sus hogares en Puerto Vallarta y Dallas, Texas, están llenas de arte. "El arte nos hace felices", añade Hedda, "Nos deleitamos con los colores y la variedad. Lo compramos para nosotros."
Impresionados por la comunidad artística en México, Hedda y Werner se sumergieron en ella con todos sus sentidos. En las noches de una típica exposición artística, curiosean a través de la galería con amigos, hablan de arte, salen a cenar y regresan a la galería de nuevo para otra ronda de cócteles y compras. Es una inmersión de todo tipo. "El mundo del arte es como un árbol," describe Werner, "puedes conocer a muchas personas interesantes de esa manera."
La libertad que encontraron entre la gente en Puerto Vallarta a veces los deja dando vueltas. "Cuando compramos arte, pelamos demasiado", dicen riendo. "Casi ninguna pelea se debe a lo que compramos, sino a si debemos hacerlo. Yo soy el impulsivo", admite Werner. "Hedda es la parte lógica; tal vez no tenemos el espacio suficiente para la pieza que quiero y ella me hace recordar eso."
Tienen muchos artistas favoritos en México, entre ellos Rogelio Díaz, Daniel Ruffert y David Leonardo. Pero igualmente importante es el tono del mundo artístico aquí. "En todos los demás lados", recuerdan, "la gente es mucho más presumida. En Puerto Vallarta puedes llegar a conocer a los dueños de las galerías. Viven el arte; no es un negocio para ellos y es por esto que nos gusta comprar aquí."
El fervor artístico se ha extendido de sus vidas hacia la de sus hijos. "Nuestra segunda hija, Carol, tiene nuestras piezas de Berenice Starr; nuestra hija mayor, una arquitecta en Dallas, quiere la acuarela de Edith Polumbo." Su hijo aparentemente desea algo más concreto: "Él sólo quiere su condominio," dicen riendo.
Un coleccionista de arte en Puerto Vallarta escucha voces: "El arte me habla; me dice, "Mira que bello soy. ¿Puedes apreciarme?". No, usted no está escuchando una sesión de terapia. Ésta es Dorothy Piontkowsky, exprofesora de psicología en SFSU y Stanford, describiendo cómo escoge el arte. El arte mexicano en particular le ha abierto a Dorothy y a su esposo otro mundo, en cierta manera sinónimo con el exótico Puerto Vallarta.
Después de décadas de cumplir responsabilidades en su hogar en San Francisco, han llegado a una etapa de su vida en donde la gente inteligente abandona el buen sentido y se vuelve totalmente indulgente. Es la otra adolescencia, también llamada retiro. "La vida es mucho más que trabajar, comer y criar niños. El arte te lleva a esa siguiente dimensión; enriquece la vida de uno.", añade Dorothy. De hecho, son tantas las piezas que enriquecen la residencia de los Piontkowski en la marina, que han decidido llamarla Casa Dorotea Galería.
Cuando no están jugando golf o jugando mah jong, hacen lo que muchos otros en la ciudad - comprar arte. Incluso compran en México cuando están en los Estados Unidos, y lo hacen vía Internet. Es como comprar ventanas: "De hecho no compramos a través de la Internet, sino que obtenemos noticias de los dueños de galerías y sobre nuevas piezas y escogemos las que nos agradan. Fue así como compramos nuestro Meg Munro", recuerda Fred. Después de examinar Tropical Garden de lejos, les tomó menos de 30 minutos aquí el encontrar la galería para hacer la compra.
Se refieren a la "escena artística" en Puerto Vallarta como democrática, accesible a cualquiera que tenga interés. Y así de abierta como es, reconocen que un grupo demográfico en realidad pocas veces lo ve: los jóvenes mexicanos. Apoyados por su amigo Peter Gray, planean donar mucho de su arte extra. Después de plenamente disfrutar ciertas piezas y al ahora no tener espacio para ellas, los trabajos irán al Centro Universitario de la Costa. En la Galería de Arte Permanente, más de 5,000 estudiantes locales diariamente podrán disfrutarlos. En un mundo post-moderno, el arte puede ser lo que usted quiera que sea. Para algunos visitantes de Puerto Vallarta es un reto, un descubrimiento. Para otros, es un mundo de colores e imágenes. Son cautivados de una manera y liberados de otra. Es maravilloso que un pincel o un cincel puedan ser tan liberadores.
Harry y Blanca Reifschneider podrían tener su propio reality show. Con una gran casa y una rica colección de arte podrían reemplazar los gustos de Courtney Cox y David Arquette, una muestra de parejas que tienen gustos diferentes y que combinan todo. Durante los últimos 20 años, Harry ha gravitado sobre el arte americano contemporáneo y el del sureste. Mientras tanto, Blanca se ha enfocado en todo lo demás, en impresionistas franceses y arte mexicano.
Así que, ¿cómo mezclan sus vidas, culturas y colecciones? Si la experiencia de esta pareja es un indicador, entonces hay esperanza para todos nosotros. "Ha sido muy interesante para mi", revela Blanca, "estar casada con un americano que tenía un gusto muy diferente en el pasado. Y de repente descubrimos un nuevo país [México], un nuevo lugar, un nuevo arte. Y en el proceso de descubrimiento dijimos, 'Dios mío, ¡sí!' Esto me gusta y quiero comprar arte mexicano - de todos los tipos y precios." Ahora, las prodigiosas obras en bronce de Guillermo Gómez y Eraisy Pérez son una prueba de su amor para las cosas mexicanas.
Antes de que los colores y creaciones de México cautivaran a Harry, él estaba en Boide, Idaho, coleccionando a Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg, Pat Steir y otros. Admite que algunas de sus obras de arte moderno eran "muy excéntricas". Y aunque mucho de ello todavía lo emociona, está dispuesto a ceder un poco en ello. Animado por su amada esposa, quitó una pintura de Raushenberg de uno de sus hogares y en su lugar colocó un tapete Zapoteca, el cual él también ama.
¿Así que dónde queda todo este arte retirado? En por lo menos dos ocasiones, Harry ha donado trabajos. Su Sao Paulo Biennale 3B por Pat Steir ahora cuelga en el Museo de Arte Moderno de San Francisco. E Interior Series por Lichtenstein está entre tres de las piezas de Harry que ha tomado una residencia permanente en el Boise State University. Sólo una vez ha vendido una obra, y fue principalmente para experimentar lo que es una subasta de Sotherby's. A lo largo de los años ha cambiado, de comprar arte como una inversión a comprar arte para su vida. Harry ahora hace la pregunta, "¿Qué importa si el arte duplica o triplica su valor si no está en venta?"
Un barco de 43 pies llamado Windraker le da a John Decker una buena razón para pasar un fin de semana de cada mes en Puerto Vallarta. Compara la vida en la marina y su intensidad social con su forma de apreciar el arte. "El arte, en cierta forma, es como la gente", y medita: "Algunos se desgastan rápidamente. Conoces a algunas personas - de personalidad fuerte, realmente ingeniosos - pero sólo puedes tolerarlos por un par de horas. Los mejores amigos son aquellos con los que estás cómodo. Y las pinturas son así."
En su búsqueda por un arte duradero, John asegura estudiar las piezas tanto que el dueño de la galería quiere sacarlo. Busca asegurarse que la pieza no lo aburrirá. "Observo una pintura o escultura por un largo periodo de tiempo, hasta que estoy seguro que no me aburre. Y cuando no me aburre, lo compro." Las esculturas de un artista mexicano, Miguel Holek, intrigan a John por su aproximación renacentista: "Ha obtenido algo de un simple bloque de madera. Nunca me canso de verlo."
Tanto el proceso mental del artista como el contexto de cada pieza fascinan a John. Los dueños de galerías en Puerto Vallarta brindan invitaciones abiertas para exposiciones de arte donde todos pueden conocer a los artistas y explorar un poco. Es una gran manera de saciar el apetito de los coleccionistas, siempre llenos de preguntas. "Adoro el hecho de que él [Holek] pueda contar una historia sobre cada pieza. Francamente añade mucho significado para mi cuando un artista describe el proceso."
Ya sea con la apertura de los artistas, la diversidad del arte o los bajos precios, adquirir arte en México es notablemente diferente a hacerlo en los Estados Unidos, asegura John. "El arte en San Francisco es mucho más caro y predecible. Puedes ver arte aquí, que es único, inusual - figuras y personas que se inclinan más allá de lo abstracto. Y eso no lo ves en las típicas comunidades de California." Y tal vez lo mejor es que, "todo aquí es un buen negocio. Lo único frustrante es la variedad y tratar de encontrar algo que te guste", añade.