Del Sueño a las Llaves- La Arquitectura en Puerto Vallarta
Durante el Renacimiento, Miguel Ángel clasificó a la arquitectura, junto a la pintura y escultura, como un deleite para los sentidos. En Puerto Vallarta, arquitectos premiados como Cachi Pérez y Alberto Álvarez crean espacios que enriquecen la vida de sus clientes y deleitan al público. Imaginación, habilidad y materiales se fusionan para crear una obra de arte funcional.
Sin embargo, dichos arquitectos no son engreídos prima donnas, como se podría pensar de los que trabajan en las grandes ciudades del mundo. No están diseñando en torres de marfil, en lo alto y alejados de la realidad de la construcción. De hecho, son una constante en la red que transforma detallados planos en realidad. De acuerdo a un agente de Punta Mita, aproximadamente la mitad de los proyectos de construcción en Bahía de Banderas son dirigidos por arquitectos desde el comienzo hasta el final.
Como Cachi Pérez menciona, “El diseño realmente no se paga aquí. Los arquitectos son contratistas de la construcción. Esa es la forma como realmente ganan dinero, administrando los proyectos hasta el final.” Es de esta manera en que toman las ideas de sus clientes, las ponen en papel y las someten a los procesos requeridos por los reglamentos de la ciudad, para finalmente supervisar a los ingenieros y constructores hasta que las nociones abstractas se convierten en una realidad física. Es sólo cuando le entregan a su cliente la llave del inmueble cuando pueden decir que su trabajo ha sido verdaderamente terminado.
Aunque puede ser simple describir su trabajo, vivirlo es otra historia. Los clientes viajan de todo el mundo hasta Puerto Vallarta trayendo sus fantasías arquitectónicas con ellos. El arquitecto debe hacer a un lado sus propias ambiciones e interpretar las ideas de su cliente, tarea que resulta un arte y una ciencia. Con la ayuda del diseño computarizado, pueden crear una imagen virtual que, en el caso de Las Olas, un club de playa en San Pancho diseñado por Jorge Chávez, es casi idéntico al producto final.
Sin embargo, no todos los sueños toman forma en este puerto mexicano. Los gobernantes de la ciudad y los grupos ecologistas desde hace mucho han tenido su propia opinión sobre el desarrollo, y sus planes no siempre concuerdan con los de los arquitectos. Los grupos defensores desean preservar el encanto que crea una tradición mexicana y que vuelve a la ciudad tan atractiva para los turistas. “A menudo hay discusiones con el Departamento de Planeación del Ayuntamiento y los defensores del Vallarta tradicional,” dice Pérez. “Tengo que librar una batalla cada vez que llego con un producto nuevo y creativo. Ellos sólo desean diseños de los últimos 80 a 100 años. Incluso los diseños prehispánicos son rechazados.”
Aunque muchos extranjeros prefieren los diseños tradicionales, algunos desean algo innovador. En el caso de Casa Demae y Casa Perlita, los planes de Pérez fueron rechazados inmediatamente por el Ayuntamiento. Los diseños resultaron controvertidos simplemente por ser planos y rectos y por la ausencia de tejas en el techo – nada muy alarmantemente diferente al resto de la ciudad. Algunos de nosotros podemos adorar las brillantes tejas de terracota en los techos de muchos edificios de la ciudad, pero no todo el mundo tiene los mismos gustos. Los clientes que soñaban con Casa Demae y Casa Perlita tenían algo menos convencional en mente, y Pérez les ayudó a realizarlo.
En el 2000, el trabajo depositado en Casa Demae rindió frutos: la Asociación CEMEX y la Asociación de Ingenieros Civiles y Arquitectos de Guadalajara y del estado de Jalisco otorgaron a Pérez el primer lugar en “mejores soluciones para una casa” y “mejor construcción” del estado de Jalisco. Cuando se le preguntó a Pérez el por qué, después de 25 años, continúa poniendo tanta energía en sus diseños únicos, él sonríe y dice, “La pasión es el motor de la batalla”.
Los diseños favorecidos por los grupos tradicionalistas de Puerto Vallarta mezclan elementos de la arquitectura de montaña y de la costa. Pérez describe cada estilo en términos psicológicos, “La arquitectura de montaña en pueblos como Mascota y San Sebastián del Oeste es más introvertida, debido al clima frío en ubicaciones altas. La arquitectura costera es más extrovertida por el clima caliente; la gente en la costa vive una vida más abierta.”
Si se hace un reconocimiento visual de Puerto Vallarta, encontrará espacios introvertidos y extrovertidos. Desde las montañas vinieron las tejas rojas, las ventanas pequeñas y los patios interiores, todos diseñados para mantener a la gente adentro, segura de los elementos del exterior. Desde la costa emergieron ventanas y puertas grandes, balcones exteriores y techos de palapa que abren la construcción hacia la brisa del mar, tan esencial en los climas cálidos.
En el caso de los arcos, las cúpulas, bóvedas y columnas, tenemos que remontarnos más allá de las fronteras de México. Como muchos otros elementos clásicos, los griegos y romanos reciben el crédito por estas bendiciones arquitectónicas. Para el siglo IX, las características clásicas dieron una nueva forma a España. “Fueron los moros”, nos recuerda Jorge Chávez, “quienes llevaron las cúpulas y patios a España”. Después, en el siglo XV, la invasión española a México aseguró que los voluptuosos domos, los íntimos patios y los suaves arcos quedaran durmientes en el paisaje arquitectónico de ciudades como Puerto Vallarta.
Los extranjeros hoy en día continúan afectando el diseño en Puerto Vallarta. Clientes de Norteamérica y de otros lugares traen ideas nuevas, que los arquitectos intentan implementar. Aunque las ideas nuevas muchas veces encuentran resistencia, pueden ser una opción vibrante. De acuerdo a Chávez, “Puerto Vallarta se ve cansada, y un contraste sería refrescante. Algunas esculturas o diseños modernos ayudarían a la ciudad.” Menciona cómo el turismo en Sevilla, España, se cuadruplicó después de que el moderno museo Gugenheim Bilboa fue terminado en 1997. Una mezcla de piedra, titanio y vidrio, verdaderamente magnífico.
La nueva tecnología (en materiales y métodos de construcción) creada en todo el mundo también crea nuevas posibilidades arquitectónicas en Puerto Vallarta. El comercio internacional y la Internet se aseguran que nadie, incluso un remoto pueblo de descanso, se quede atrás. Ejemplos de esto son el vidrio templado, que fue desarrollado en los Estados Unidos. Con propiedades especiales que filtran los rayos UV, las paredes de vidrio se convierten en una forma ideal para “abrir” el edificio y proteger el interior al mismo tiempo. En el pasado se tenía que escoger entre muros completamente abiertos (que permitían la entrada de insectos y de los elementos) o bien una casa cerrada por ladrillos y paredes de concreto.
Desde Alemania vinieron desarrollos en el concreto aireado, un material que impresiona a los desarrolladores y conservacionistas a la vez. Cualquiera que camine por las calles de Puerto Vallarta conoce el importante papel que el concreto juega en la construcción y en mantener la ciudad unida. Pero el concreto desde hace mucho ha sido una carga para el ambiente pues requiere de grava en la mezcla. Ahora, en vez de tener que destruir el ambiente para minar y conseguir grava, los constructores pueden usar concreto celular con bolsas de aire tan rígidas como rocas – sin la necesidad de usar grava. El resultado es una sustancia mucho más ligera que no requiere grandes cimientos cuando se usa para la construcción.
Las formas tradicionales, sin embrago, siempre tendrán un lugar en Puerto Vallarta. Arquitectos como Alberto Álvarez logran un fino balance entre lo viejo y lo nuevo. En Villa Ocarina, su más reciente proyecto en la playa de Bucerías, ha diseñado una espectacular villa con un concepto abierto. La sala y comedor estarán techadas, pero permanentemente viendo hacia el océano. Un muro en la parte norte de la casa está hecha de ramas tejidas de madera pajarete, diseñadas para dejar pasar la brisa y mantener la privacidad al mismo tiempo.
Otros muros están hechos de un nuevo tipo de adobe (una mezcla de cemento y tierra) que se yerguen como estructuras grisáceas más durables que el adobe del pasado. En los 50s, los habitantes locales crearon sus propias paredes de adobe (grandes ladrillos frescos hechos de tierra y heno) con los materiales que encontraron a su alrededor. Si llegaban a pintarse, eran típicamente blanqueados para darles elegancia y estilo. Álvarez planea dejar sus muros al natural, sin pintar y semejando un poco esculturas crudas. En dicho estado, también requieren poco mantenimiento.
Los techos tradicionales de palapa todavía tienen muchos seguidores en Puerto Vallarta – incluyendo a Álvarez. Aunque es un día caluroso, nos mantenemos frescos bajo el continuo flujo de aire en la villa. Para casas junto al mar, evidentemente tiene sentido usar una palapa en por lo menos una sección de la estructura. Pero tenga cuidado: “La palapa es el lugar perfecto para generar bichos”, dice Pérez. “Es una buena opción para espacios no permanentes como bares o salas”. Sin embargo, no son la mejor opción para cuartos. “Si se fumigan varias veces al año”, dice Álvarez, “la palapa funciona bien por 4 ó 5 años, mientras que un techo de loza dura unos 20 años”.
Cualquiera que desee construcción tradicional a base de adobe y una palapa, puede encontrar dificultades. “El adobe debe ser hecho especialmente”, dice Álvarez, “la gente realmente ya no lo hace”. Las palapas se están volviendo exclusivas. Si se construyen adecuadamente, las ramas de la palapa se vuelven una red de zanjas y salientes. Además “el conocimiento de cómo tejer la palapa está en manos de pocos en Puerto Vallarta. Tienen que saber qué árbol utilizar, que patrón tejer, etc. Sólo algunos obtienen permisos federales regulares para ejercer el oficio.”
Cualquier proceso creativo conlleva inherentemente una lucha. En el caso de los arquitectos en Puerto Vallarta, su pasión por el diseño y el respeto por lo nuevo y lo viejo los hace un grupo único de profesionales. Comunicándose al mismo tiempo con clientes internacionales, ingenieros y constructores, saben cómo interpretar un sueño y volverlo realidad.