El siglo XIX
Durante la primera parte del siglo XIX, en la desembocadura del río Cuale —entonces poblado por cocodrilos— no vivía nadie. Entre la sierra escarpada, el océano y el poderoso río Ameca, este hermoso rincón de la geografía mexicana permanecía aislado del resto del mundo. Los centros de actividad estaban en las alturas; allá por los pueblos de Cuale, San Sebastián y Mascota donde abundaban las minas de plata… mas no las de sal, elemento indispensable para su beneficio.
La historia de la fundación de lo que hoy es Puerto Vallarta podría ser la siguiente: en 1851, Guadalupe Sánchez, un lanchero de Cihuatlán encargado de trasportar la sal desde San Blas o las Islas Marías hasta la playa de Los Muertos, se hartó de esperar a los arrieros que bajaban a recoger la carga y que a veces tardaban días enteros en llegar a este paraje solitario. Como estaba joven (19 años) y recién casado, pensó que lo mejor sería establecerse en ese lugar tan hermoso al que bautizaría con el nombre de “Las Peñas”.
1914 - 1935
El descubrimiento de vetas de plata no muy fina en Estados Unidos hace caer el precio del metal y la antigua bonanza se convierte en penuria. De los pueblos serranos bajan los mineros para retomar el oficio de agricultores, pero ahora en el fértil valle del Ameca. No sólo se trataba de una zona autosuficiente —producía hasta tres cosechas de maíz al año— sino que se daba el lujo de enviar los excedentes a otras partes del país en embarcaciones provenientes de Mazatlán o Manzanillo. Muy pronto, en 1918, de caserío, Las Peñas se eleva a municipio con un nuevo nombre: Puerto Vallarta.
Por aquellas fechas se inicia la fiebre del “oro verde” —como se les llamó a los plátanos cosechados y exportados a Estados Unidos antes de madurar por la Montgomery Fruit Company. Establecida en Ixtapa, esta empresa trajo bienestar a Puerto Vallarta hasta 1935, cuando mediante la aplicación de la ley agraria se expropian las 26,000 hectáreas del norteamericano Joseph Montgomery, terminando así la etapa de Vallarta como productor agrícola.
1935 - 1949
De la tierra los vallartenses miran hacia el mar donde encuentran un nuevo filón de riqueza en la pesca del tiburón. Desde las aguas de Bahía de Banderas, las aletas del escualo llegan a las mesas de los restaurantes chinos de Nueva York. Durante la Segunda Guerra Mundial, además, el aceite de hígado de tiburón se administra a los soldados norteamericanos como complemento alimenticio. Esta práctica beneficia aún más a la cooperativa pesquera La Rosita hasta mediados de los años cuarenta cuando se declara la paz mundial.
Fue en esta década, en 1942, cuando se registra la que probablemente sea la primera promoción de Puerto Vallarta en el extranjero en la forma de un anuncio de un sexto de página en la revista Modern Mexico publicada en Nueva York. El texto del anuncio ofrece viajes en avión de Guadalajara a un “lugar primitivo donde cazar y pescar”. Lo firman los hermanos Fierro fundadores de la primera compañía aérea en el puerto.
1950 - 1959
A los cien años de su fundación, Vallarta festeja en grande. El matrimonio de doña Margarita Mantecón, de familia vallartense bien arraigada, con un asesor del presidente Miguel Alemán garantiza el esplendor de aquella semana de fiestas. De algún lugar, y para sorpresa de sus habitantes, llegan a Vallarta tres barcos a dar la salva de 21 cañonazos. Además aterrizan en Los Muertos tres avionetas cargadas de reporteros y camarógrafos. Quienes asisten al cine en esos días ven por primera vez el paisaje y los rostros de Puerto Vallarta en la pantalla. Es posible que, sentado en algún cine del Distrito Federal, fascinado por lo que vio, Fernando Freddy Romero tomara la decisión de venir al paraíso. Aquí llegó en ese mismo año del centenario. En sentido opuesto a la opinión de los vallartenses acomodados cuyos gustos arquitectónicos se inclinaban por el modernismo y cuyos bolsillos les permitían construir casas “de material”, Freddy defiende y finalmente impone el “estilo Vallarta”.
Con sus fachadas de adobe pintadas de blanco, techos de dos aguas cubiertos de teja, rejas de hierro forjado, paredes de piedra, las casas de Freddy parecen mirar al pasado recapturando la atmósfera de un pueblito típico mexicano que el progreso olvidara. Instalado en el bar de hotel Océano —lugar de reunión de los vallartenses y la incipiente comunidad norteamericana— Freddy dibuja casas sobre servilletas de papel. Ya en el terreno, marca con una “r” de cal el espacio dedicado a la recámara y el de la cocina con una “c”. Así construye las casas Caracol, de la “O”, y Los Arcos, los búngalos de Las Campanas y el refugio de John Huston en Caletas entre otras casas aún en pie. ¿Cuál sería el atractivo de este sencillo pueblito, carente de muchas de las comodidades modernas —como la electricidad (sólo había luz de 8 a 10 de la noche) o el teléfono— que sedujo a intelectuales y artistas estadounidenses y mexicanos? Probablemente haya sido lo de siempre: su hermosura y su gente.
El 11 de noviembre de 1954 la aerolínea Mexicana de Aviación inaugura su primer vuelo Guadalajara-Puerto Vallarta. La competencia, Aeronaves de México (hoy Aeroméxico), disfrutaba del monopolio de la ruta a Acapulco. Mexicana encuentra entonces un destino de playa equiparable a la bahía guerrerense. Así, empiezan a llegar más visitantes desde otras regiones de la república y del extranjero, entre ellos el ingeniero Guillermo Wulff y el famoso director de cine John Huston quien escribiera: Cuando llegué aquí la primera vez, hace casi treinta años, Vallarta era una aldea de pescadores con aproximadamente dos mil habitantes. Sólo existía un camino al mundo exterior que resultaba impasable durante las lluvias. Llegué en un avión pequeño y tuvimos que volar muy bajo para espantar al ganado de un solar a las afueras del pueblo antes de aterrizar. {...} 1
1960 - 1969
Acompañándola de intensas campañas publicitarias, Mexicana inaugura la ruta Puerto Vallarta-Mazatlán-Los Angeles en 1962. Gracias a la afiliación de esta línea aérea con Pan American Airlines es más fácil captar la atención del mercado internacional. Pero, además de sus cámaras y trajes de baño, los visitantes de aquellos días llegan armados de un espíritu aventurero y un excelente sentido del humor. No sólo continúan las vacas internándose en los terrenos del aeropuerto (ubicado donde está ahora el aeropuerto privado contiguo a la terminal aérea Gustavo Díaz Ordaz); como no existe una vía de acceso al pueblo, en temporada de lluvias es preciso cruzar el río Pitillal en canoa. Para evitar que la embarcación se volcara, cuentan, se tendía un cable de orilla a orilla y la canoa se deslizaba por una argolla. Como había muy pocos taxis, se empleaban burros para acarrear las maletas. Tres años más tarde, en 1965, se establece aquí Aeronaves de México.
El arribo de Guillermo Wulff —que, por mera casualidad y como invitado distinguido, visitara este destino en el vuelo inaugural de Mexicana— marca la segunda etapa en la construcción material de Puerto Vallarta. Fue él quien introdujo la ahora famosa cúpula como motivo arquitectónico integrándola a varias de las casas que construyera entre Gringo Gulch y Mismaloya, cuya concesión para desarrollar obtuvo, por cierto, en muy buen momento. En los Angeles conocí a un arquitecto y empresario de Puerto Vallarta de nombre Guillermo Wulff […] Estaba yo pensando sobre posibles locaciones para Iguana y Guillermo me insistió en que fuera a Mismaloya. […] y aunque Mismaloya era tierra de indígenas, Wulff dijo que tenía una concesión y que podía construir ahí lo que quisiera. {...} 2
Con su playa ancha y el bosque tropical como trasfondo para el único escenario que se construiría (el viejo hotel de Maxine) el sitio resultó perfecto y unos meses más tarde estaba listo para la filmación. El trabajo no fue fácil, especialmente para Gabriel Figueroa, el gran fotógrafo mexicano, que se las vio “negras” para hacer llegar e instalar equipos de iluminación y plantas de luz en plena selva y con el mar como única vía de comunicación. Era el año de 1963.
Por primera vez Puerto Vallarta recibió a un tiempo luminarias de Hollywood, celebridades nacionales e intelectuales estadounidenses. Deborah Kerr, Ava Gardner, Sue Lyon y Richard Burton eran los actores principales de la película donde aparecía por ahí Emilio El indio Fernández. Tennessee Williams, autor de la obra de teatro La noche de la iguana, visitaba el set con frecuencia (siempre viajaba con su perrito Gigi que, de acuerdo a John Huston, se insolaba a cada rato). Por su parte Liz Taylor, en ocasiones acompañada por sus dos hijos, pasaba la mayor parte del tiempo junto a Burton de quien estaba profundamente enamorada. Encantados por la magia de Puerto Vallarta, Richard y Elizabeth compraron la casa Kimberley convirtiéndose así en el centro de atracción de un pequeño grupo que, a decir de quienes lo rondaban, se la pasaba estupendamente entre fiesta y fiesta. John Huston construyó su casa en la ensenada de Caletas donde vivió hasta su muerte.
Esta incomparable reunión de famosos, cautivos en un pueblito de difícil acceso, fue una tentación irresistible para la prensa internacional cuyos corresponsales se encargaron de divulgar, a la par de los chismes del momento sobre las célebres luminarias, la belleza prístina del lugar. A partir de entonces, la existencia de Vallarta no sería más un “secreto por descubrir”. A la creciente demanda del turismo era imprescindible la respuesta eficaz de autoridades e inversionistas. Aparece entonces en el panorama Francisco Medina Ascencio, gobernador de Jalisco de 1965 a 1971. Él se encargaría de dotar a Puerto Vallarta de la infraestructura necesaria para convertirla en un centro urbano y vacacional moderno. Él [su padre] nos hablaba sobre las maravillas de la zona de Las Peñas, y el trayecto para llegar a tan extraordinario lugar quedó grabado profundamente en mi memoria. Esto me motivó a realizar todos los esfuerzos necesarios para acondicionar este espléndido sitio, al que yo consideraba “una alcancía de Jalisco”. {...} 3
Convencido de su visión, Medina Ascencio logró comunicar esta seguridad en el futuro de Puerto Vallarta al entonces presidente de la república Gustavo Díaz Ordaz, que “se la jugó” con el gobernador. Si fallamos el gobernador de Jalisco y yo en los planes para hacer de Vallarta un centro envidiable y ejemplo de perseverancia y visión, se acordarán de mi señora madre y luego de la suya, pero comenzamos mañana, oígase bien, mañana {…}4
Así, Puerto Vallarta asciende a la categoría de ciudad el 31 de mayo de 1968 y obtiene los recursos necesarios para construir el puente sobre el río Ameca, la carretera costera de Barra de Navidad a Puerto Vallarta, el camino Compostela-Las Varas-Puerto Vallarta (inaugurado por GDO) y el aeropuerto internacional (que sería también inaugurado por GDO y bautizado con el nombre del ex presidente). Durante su gobierno se construyen el hotel Camino Real y la sucursal del Banco Nacional de México (hoy Banamex). Además, mediante la gestión de Medina Ascencio llegan a Puerto Vallarta la energía eléctrica y la telefonía, se construye el primer puerto de Jalisco en la dársena de El Salado y se consigue que la entrevista del presidente de los Estados Unidos Richard Nixon con Díaz Ordaz se realice en la flamante ciudad.
1970 - 1979
El gobernador sabía que el encuentro Nixon-Díaz Ordaz llevaría el nombre de la “alcancía de Jalisco” al mundo entero. En bandeja de plata, el presidente otorga a Air France la concesión para realizar un vuelo París-Montreal-Guadalajara-Puerto Vallarta atrayendo así al turismo europeo. En noviembre de 1970 firma un decreto en el que declara de utilidad pública “el desarrollo habitacional y turístico en los terrenos que circundan la Bahía de Banderas, ubicados en los estados de Nayarit y Jalisco y el mejoramiento de los centros de población”. Con este fin, Díaz Ordaz expropia 1,026 hectáreas que en 1973 quedarían reguladas mediante el Fideicomiso de Puerto Vallarta promovido por el presidente Luis Echeverría Álvarez. Según don Carlos Munguía Fregoso, cronista de la ciudad, estos actos fueron lo más importante que ambos presidentes hicieran por Puerto Vallarta pues la reglamentación de las 1,026 hectáreas atrajo las grandes inversiones en infraestructura turística. “Hasta 1970 existían apenas dos hoteles de lujo, el Posada Vallarta, inaugurado en 1964, y el Camino Real de 1970, aunque ya estaban en pie otros más modestos como el Playa de Oro de Jack Cawood y el Playa Las Glorias.” Después de 1973 se empiezan a construir los grandes hoteles, pero también, afirma don Carlos, surgen los asentamientos irregulares que son el cáncer de Puerto Vallarta y su peligro máximo.
1980 - 1989
A dos años de la inauguración del hotel Sheraton Buganvilias en 1980, vino la devaluación sufrida por el peso al final del régimen de José López Portillo. Pero, lo que es veneno para algunos, es alimento para otros; y mientras el resto del país padecía, Puerto Vallarta disfrutaba de una época de bonanza, a decir de muchos, incomparable. “El año de 1983 fue especialmente bueno”, cuenta don Carlos. Los vistantes extranjeros vieron su moneda duplicada y se dieron vuelo atiborrando los restaurantes y haciendo cola frente a las tiendas, que apenas se daban abasto para satisfacer la demanda de la clientela. La clave del éxito fue mantener los precios en pesos.
Entre 1980 y 1990 la población de Puerto Vallarta aumentó de 57,028 habitantes a 111,457. Para 1985 la afluencia turística y de inmigrantes exigía, por un lado, la construcción de nuevos hoteles y, por el otro, la oferta de opciones residenciales para sus empleados y directivos. El centro de Puerto Vallarta resultaba insuficiente para dar cabida a estas construcciones y nadie deseaba ver la línea de su horizonte plagada de edificios altísimos que hubieran dado al traste con la atmósfera pueblerina de la ciudad. Aparecen entonces los hermanos Martínez Güitrón, promotores inmobiliarios creadores de Marina Vallarta. Este desarrollo, impecablemente planeado, aloja desde una escuela, edificios de condominios y residencias unifamiliares hasta hoteles gran turismo y cinco estrellas. Los trabajos de dragado para crear la zona de peines con sus 450 embarcaderos iniciaron en 1986 y para 1990 ya estaba dando servicio. En 1993 la marina quedó totalmente terminada.
1990 - 1999
Los primeros años de la década de los noventa fueron difíciles para Puerto Vallarta. Aunque el turismo nacional se incrementó, los extranjeros dejaron de venir. En 1993 el destino ocupaba el quinto lugar entre los destinos de playa del país; antes estaban Cancún, Acapulco, Mazatlán y Veracruz. Había que reaccionar con fuerza a este desplome. El 31 de mayo de 1996 se constituye el Fideicomiso de Turismo de Puerto Vallarta encargado de manejar los fondos provenientes del dos por ciento de impuesto gravado a los hoteles por concepto de habitación ocupada. A diferencia de otros centros vacacionales, Puerto Vallarta decide emplear 100 por ciento de este dinero en la promoción del destino. Los esfuerzos individuales de los hoteles y del fideicomiso, de restauranteros, proveedores de servicios y actividades recreativas, de dueños de galerías de arte y de quienes protegen el medio ambiente hacen el milagro y Puerto Vallarta empieza a ganarse un lugar en el mundo.