Microcosmos De La Cultura Mexicana En Movimiento
Ah, nuestros camiones locales. No podemos vivir con ellos y tampoco podemos vivir sin ellos. Viajan demasiado rápido y saturan nuestras calles, aunque nunca se tiene que esperar demasiado tiempo por uno y son un medio barato no sólo para llegar del punto A al B, sino para conocer las 160 colonias que conforman Vallarta.
Cubiertas despegadas decoran la palanca de cambios y pequeños zapatos de niño cuelgan en el pasamanos - no precisamente representando al número de hijos del conductor, como una gringa supuso, sino esperando a ser reclamados.
A primera vista parece que la mayoría de los pasajeros no tienen modales puesto que se aplastan en los asientos que dan al pasillo, bloqueando aquellos de la ventana, y rara vez preguntan si le gustaría sentarse. ¿La causa de este comportamiento? Algunos autobuses tienen tan poco espacio para sus piernas que si usted no toma el asiento, ellos asumirán que prefiere ir parado. En caso de que quiera sentarse (y sentirse) apretado, la palabra "permiso" le abrirá el camino.
Es muy probable que alguien suba al autobús y trate de venderle algo - chicles, barras de chocolate o cualquier cosa pequeña que puedan cargar. Otros querrán entretenerlo a cambio de una propina: los payasos harán bromas mientras otros entonarán letras de amor y pérdida acompañados por una guitarra, maracas, cintas o un radio destartalado. Un peso o dos serán suficientes, pero no son obligatorios.
Consejos últiles
- Los letreros azules y blancos determinan las paradas.
- Marina Vallarta es un lugar, la Terminal Marítima (donde los cruceros atracan) es otro, así que no se limite a decir "marina"; sea específico.
- Tenga sus $4.50 pesos listos y una mano libre para agarrarse de lo que pueda, ya que el autobús arrancará, esté usted listo o no.
- Para bajarse, presione el timbre rojo o grite "¡Bajan!".
- Su boleto es su comprobante de pago, no uno de transferencia. Cada viaje requiere de un boleto nuevo.